sábado, 5 de marzo de 2011

Sol y Luna.

Eran cinco y cuarto, dos minutos antes de la llegada del bien aventurado hombre sin rostro, en busca de aquella que no debe ser nombrada. Fabuloso, era la palabra que éste sin boca pronunciaba, no podía buscar ya que no tenía objeto culto para ello, solo tenía capacidad de pronunciar una sola oración, una sílaba que no tiene revés, una frase que no tiene gran significado.

Poderosa aquella arrebatada de sus propios inicios, poseedora de una voz hermosa, una figura intrigante pero jamás de una mente pensante. Sus ojos pierden brillo al no saber nada, y sus labios se secan al no darse cuenta de cómo saciar su sed. Es una lástima que la mujer perfecta, como no, deba ser imperfecta.

Los dos buscan verse, uno tiene lo que el otro no posee. Él desea los ojos, boca y nariz de ella, al contrario de ella, no sabe lo que desea pero sí lo que busca por instinto, una mente que le haga viva.

En presencia de un solo campo que revela un paisaje frío pero seco completamente. Yace aquí el desierto de hielo, dónde se dice que dos almas desgraciadas vagan sin rumbo alguno. Torturados por sus propias visiones o en tal forma, su falta de entendimiento. El viento les hace de guía, la arena congelada de arropo cuando caen desvalidos en el suelo. Andantes siguen, uno piensa que es el viento el soplido de una princesa, la otra solo trata de intuir que puede ser su instinto.

Solo un minuto para dicho encuentro, el sin rostro levanta su no mirada para ver algo ante la barrera que le separa de la belleza. La que jamás debió existir golpea su bello rostro contra aquel cristal. No obstante logra romperlo.

Segundos son los que corren a la hora de vista previa, intercambian sudor helado, olor fértil y una dulce caricia. No más, te he encontrado. Dice aquel sin boca. Lo sé, estoy aquí contesta la que jamás había pensando. Unidos, buscando, deseándose sin saberlo, perdiendo su nombre, mente, cuerpo, rostro y pensamientos. Se tocan lentamente en aquel lugar tan desolado. Pronuncias sus nombres reales por lo que parece ser arte de magia. Pude ser coincidencia, o solo una casualidad.

Sol mi enemigo mortal, Luna mi amada. Juntos ascendiendo al cielo para hacer vida mientras curiosamente recuperan mente, rostro y vida anhelada.



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