Mar color rosa.
¿Sería debilidad
decir todo lo que pienso? Nunca me he considerado débil, pero es así al momento
en el que me doy cuenta de que me ahogo en mis propios actos.
Haz silencio boca
mía, mis palabras pueden ser tan hirientes como un cuchillo, tan inesperado
como una bala perdida. Siempre me ha encantado el silencio, el hablar
igualmente, pero siempre me ha encantado el siquiera imaginarte entre mis
brazos mientras callamos y dormimos, verte sin que me veas, vernos y sonreír,
decir unas leves palabras y que venga lo que tenga que venir.
Disfruto entre
tanto delirio el sentirte en mi pecho, ¿estoy loco? Estoy feliz, sin embargo
llego a ser temeroso, he temido desde el inicio hacerte daño, y tú has temido
el no verme feliz. Si es que, me has hecho feliz al hablarme incluso, y me he
inundado de tristeza al herirte. Todo cae en ese momento, nos ahogamos en un
mar poco profundo.
Tanto pensar y
pensar, tanto actuar sin pensar. A veces dejo que nos guiemos por lo primero
que venga, el temor es la peor de nuestras armas, temo ser un arma y dañarte.
Sin embargo hay
un momento en donde me detengo, en donde sé que puedo nadar, en donde tomo de
tu mano y floto contigo en la inmensidad de nuestro mar hecho ahora tierra.
¿Por qué flotamos? ¿En qué pensamos? Una marea invisible nos arrastra, y si nos
hundimos un momento perdemos el control.
¿Qué sucede?
¿Estás bien? Siento que caen gotas en el suelo, siento sangre recorrer mi
cuello. Increíble lo mucho que podemos herir al otro con unas simples cosas.
Me ves y tapas mi
cuello, me ves y me besas, nos vemos sin saber quién somos, sabiendo que ahora
somos alguien más. Una nueva unión. ¿Y si el destino no nos traía aquí? Pues el
destino siempre ha sido para mí algo que escribo conforme pasan los minutos de
la vida.
Nos hundimos de
nuevo, pero me doy cuenta que nos hundimos juntos. ¿Era eso? Calla mi
acompañante, mi pareja, calla y deja que te abrace, hundámonos para morir
juntos, me callas a mí y me abrazas.
Me dices cosas,
te digo más. Y una sonrisa sale, y nos damos cuenta que podemos respirar bajo
el agua. ¿Y si nos ahogamos en nuestros problemas? Un beso y que el otro le de
aire al que se esté ahogando. ¿Y si nos ahogamos ambos a la vez? Siempre
tendremos como respirar bajo el agua.
Hay que temer a
todo, pero igualmente, quizá sólo si nos damos cuenta de lo mucho que tememos,
consideremos el temer sin evitar eso.
No quiero tu
tristeza. No la evites, hazme feliz. No quiero dañarte, así que deja que te
cuide. Y entre todo esto, sujétate a mí, sujetémonos y así salgamos a la
superficie. Bésame, y que tu aire se quede en mis pulmones por siempre para no
ahogarme, te daré mi aire, no te ahogues, vive conmigo todos los días que
quedan de éste destino escrito de una manera tan extraña.

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