martes, 13 de noviembre de 2012

Mar color rosa.


Mar color rosa.


¿Sería debilidad decir todo lo que pienso? Nunca me he considerado débil, pero es así al momento en el que me doy cuenta de que me ahogo en mis propios actos.

Haz silencio boca mía, mis palabras pueden ser tan hirientes como un cuchillo, tan inesperado como una bala perdida. Siempre me ha encantado el silencio, el hablar igualmente, pero siempre me ha encantado el siquiera imaginarte entre mis brazos mientras callamos y dormimos, verte sin que me veas, vernos y sonreír, decir unas leves palabras y que venga lo que tenga que venir.

Disfruto entre tanto delirio el sentirte en mi pecho, ¿estoy loco? Estoy feliz, sin embargo llego a ser temeroso, he temido desde el inicio hacerte daño, y tú has temido el no verme feliz. Si es que, me has hecho feliz al hablarme incluso, y me he inundado de tristeza al herirte. Todo cae en ese momento, nos ahogamos en un mar poco profundo.

Tanto pensar y pensar, tanto actuar sin pensar. A veces dejo que nos guiemos por lo primero que venga, el temor es la peor de nuestras armas, temo ser un arma y dañarte.
Sin embargo hay un momento en donde me detengo, en donde sé que puedo nadar, en donde tomo de tu mano y floto contigo en la inmensidad de nuestro mar hecho ahora tierra. ¿Por qué flotamos? ¿En qué pensamos? Una marea invisible nos arrastra, y si nos hundimos un momento perdemos el control.

¿Qué sucede? ¿Estás bien? Siento que caen gotas en el suelo, siento sangre recorrer mi cuello. Increíble lo mucho que podemos herir al otro con unas simples cosas.

Me ves y tapas mi cuello, me ves y me besas, nos vemos sin saber quién somos, sabiendo que ahora somos alguien más. Una nueva unión. ¿Y si el destino no nos traía aquí? Pues el destino siempre ha sido para mí algo que escribo conforme pasan los minutos de la vida.

Nos hundimos de nuevo, pero me doy cuenta que nos hundimos juntos. ¿Era eso? Calla mi acompañante, mi pareja, calla y deja que te abrace, hundámonos para morir juntos, me callas a mí y me abrazas.

Me dices cosas, te digo más. Y una sonrisa sale, y nos damos cuenta que podemos respirar bajo el agua. ¿Y si nos ahogamos en nuestros problemas? Un beso y que el otro le de aire al que se esté ahogando. ¿Y si nos ahogamos ambos a la vez? Siempre tendremos como respirar bajo el agua.
Hay que temer a todo, pero igualmente, quizá sólo si nos damos cuenta de lo mucho que tememos, consideremos el temer sin evitar eso.

No quiero tu tristeza. No la evites, hazme feliz. No quiero dañarte, así que deja que te cuide. Y entre todo esto, sujétate a mí, sujetémonos y así salgamos a la superficie. Bésame, y que tu aire se quede en mis pulmones por siempre para no ahogarme, te daré mi aire, no te ahogues, vive conmigo todos los días que quedan de éste destino escrito de una manera tan extraña.




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