domingo, 30 de enero de 2011

De sueños y pesadillas. La noche del despertar.

Mi felicidad, yaciente en mi corazón, tan grande como un planeta, tan delicada como una rosa, tan fríamente notable, tan exquisitamente adorable. Todos, perseguidores de mi sonrisa tan esbelta, de mis sueños tan preciados, de mis promesas y metas más añorados. Perfecto, esa palabra existía en aquel tiempo, en el tiempo en el cual me veía a mí mismo como más que un héroe, como más que un humano, como alguien invencible. Aunque aún lo soy, pero de una manera algo alterada.

Esa noche, la noche del despertar en donde mi corazón crujió y mis sueños se volvieron mi realidad, en donde todo empezó a tener razón, coherencia y un amargo sabor. Yo, escudo y espada de mi madre, defendiendole de sus batallas, atacando a sus enemigos en un instante, permanecía a su lado, queriendo ser como ella, sin saber que era usado. Un simple objeto en el juego de aquella humana, cayéndome a insultos si en su vida algo fallaba. Fabulosamente odiada se transformo esa mujer joven pero desdichada, todo su dolor y sufrimiento recayó en el fruto de su vientre.

Pobre de ella, eran las palabras que tan cordialmente siempre usaba, sin fijarme en lo que me convertía, sin darme cuenta de nada. Aquella preciada noche, en donde la batalla se formó, en cuanto pudo me uso como escudo contra su tan deseado hombre, no era merecedor de tanto trauma, pero a ella no le importaba en nada. A la hora de usar su fuerza, cuando pensaba en utilizarme como su espada, el impacto rompió toda mi inocencia, hizo añicos mi felicidad y alma. Mis ojos se desvanecieron empezándose a abrir en el mundo real, mis brazos perdieron fuerza comenzando a ceder bajo las marcas de maldad, mi mente, se hizo añicos. Fue allí cuando perdí el sentido de la realidad.

~[//El caballero de la rosa oscura\\]~

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