Prisión
mental. Un tiempo en dónde no existes tú.
Lloro en una cama vacía paralitica
muerta mientras veo una película de niñez ingenua. Me gusta sentir correr las
lágrimas por mis mejillas, arrancar las sábanas con mis gritos de dolor; no
sabes cuánto me encanta, tanto así que me retuerzo en agonía. ¿Y dónde estás?
Ahora ya no estás conmigo, seguramente estás mal, seguramente me buscas y no me
encuentras, es mi culpa el alejarme, mi culpa el no llamarte aunque me sienta
solo. Corro y grito, espero a que me oigas para que corras a por mí, pero no
hay nada, nada más que recuerdos y escenas; tú y ese maldito revolcándose en
otra cama, uniendo labios y manos desesperadamente.
No hay nada, imaginación
mía, pensamientos torturantes como los de siempre; necesito una pastilla antes
de que regrese la cólera de mi locura, antes de que la cordura de mi corazón
explote rompiéndome las venas, rompiendo todo tacto con la realidad que tenga. ¿Pero
y si ya está? Tal vez no existo más en el mundo de los humanos, me separé de
todo y caí al suelo inconsciente, es un sueño, una pesadilla; escucho los
gemidos de esa chica y siento ganas de vomitar, de ser yo causante de sus
gemidos, rabia y angustia. ¡Estúpido sentimiento! Maldita confianza que me cegó
de la verdad, rabia desquiciada que no me hace pensar con claridad.
Veo todo, sólo he quedado como un tonto al igual de los que me burlaba, engañado y golpeado, y vienes con hipocresía a preguntarme por qué no sigo contigo, aún estando frente a ti para ver, para hacer tu sonrisa, esa sonrisa placentera que se te causó por alguien más, otra persona que podría bien hacerte feliz o bien te usará hasta que llegue el octavo mes del año, un noveno día, una noche rojiza como lo estarán mis manos cuando le mate a golpes. ¡No quiero oírte! Ya no quiero estar en presencia de tus palabras, déjame olvidar, caer en mis cabales, deja de hablar y torturarme, aléjate de mí, después confiésame lo que hiciste para odiarte y amarte con odio, ven, defiéndete, intenta tenerme a tu lado aunque ya no me quieras y crea yo que no te merezca.
Y bien que pasan las
horas, me lo cuentas todo, aún ingenuo soy que no creo lo que me dices, no te
creo capaz de hacer nada malo. No eres ángel, pero tampoco demonio, no eres
nada en éste mundo, sino alguien única, a su vez una cualquiera, quién me
enseñó a ser todo, a sentir nada, a volverme yo. Sin embargo ahora me lo
quieres arrancar todo, y yo a ti deseo quitártelo todo. Enemigos por
naturaleza, amados por el tiempo, amigos que echan pique para darse celos, una
historia que poco cuadra.
Ya no me perteneces y te
lo repito, lo sabes y me lo recuerdas. Estoy destrozado, intenta arreglarme
querida, o mejor deja que dé mis pasos solo y me explique de lo que eres capaz
o no, de que caiga en la realidad furtiva, que salga de mi prisión mental para
decidir regresar e irme, ser esclavo, quizá amo, irme lejos de ti y hacer mi
vida, o quedarme contigo y morir de pena luego.

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