Gotas
hermanas de lluvia ácida.
Ver entre el pasado y las gotas que caen, dolor y
sufrimiento, miles de historias enlazadas y desechas, cosas que nunca fueron
más que una fotografía. Historias que terminan, y se unen en una sola, para
nosotros fue siempre una lucha unida, sin nada qué temer, sin nada que perder
más que nuestra propia consciencia. Pero fue antes, ahora nada, ahora ni dolor,
ni pena, ni nada de qué arrepentirnos.
Las gotas se sienten cálidas, resbaladizas por nuestras
mejillas y deseosas de ser secadas por otras manos, ¿y será eso necesidad?
Necesitamos, más no podríamos encerrarnos en una posibilidad por siempre, pues
bien hermano mío, intenta sonreír o entonces sino haré yo que tu sonrisa salga
a golpes si es necesario. Qué rústico, que manera tan extraña de sonreír, pero
lo extraño siempre ha sido mi fuerte, como ver más allá de un mundo que exista
realmente.
Sangre y guerra, batallas que muelen nuestros cuerpos y los dejan tirados en el suelo, seguimos unidos, ¿no? Unidos por una historia sin fin, con vista diferente. Sería bueno reescribir y continuar, no ceder pie y andar. Más no, no, ya no es así, ya nunca más, sin perder la esperanza nos tocará caminar, espalda con espalda, hombro con hombro o quizá solos. Vaya pues, vamos viendo en qué pensar, oyendo y recordando, sintiendo lo mucho que podríamos lograr después, anda y ve, vamos escritor de tu historia tan raramente parecida a la mía en muchos casos.
Un suspiro para poder descansar, unas gotas más para
que nuestros ojos sequen como el gris cielo que se presentó antes, y como el
Sol que morirá de frío pues le odio.

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