Una confusión continua se había formado ya en mi mente, en aquel pasado dónde las lágrimas de la dulce niña eran formadas por su tan patético amado. Yo, sin nada más que poder hacer; sólo lograr observar, consolar con palabras que ni conocía en aquel entonces, viendo tan bella sonrisa desaparecer del rostro de la que me hizo reír en antaño tiempo. Pobre de mí, no solo me encontraba perdido, abandonado, sin rumbo en éste camino hecho polvo por viejos incendios, con mis marcas de quemaduras, traumas que me persiguen aún hasta el día de hoy, sino que ahora ya también debía presenciar como la vida de esa persona quién creía amar se resbalaba por mis manos.
Más adelante, encontré la cura perfecta para ella, sacrificar mi propia felicidad no bastaba, la respuesta real fue darle mi corazón. Cubierto con una venda de sentimientos, empapado en mis lágrimas de dolor y sufrimiento. Entregado como un regalo cualquiera, le otorgué aquello que jamás tuve en cuenta; mi obsesión fue adquirida por una dama que si acaso apenas conocía, más eso no me impidió seguir en ésta historia de amor y tragedia tan retorcida.
Suspiro cada noche, soñando con esos momentos tan oscuros, repitiendo en mi mente la misma pregunta, si es que era necesario entregar tal cosa por ayudar a esa persona. Ya no hay vuelta atrás, una voz gentil me repite eso cada vez que empiezo a torturarme antes de dormir. Que lástima, ahora estoy encadenado, sin sentimientos, sin tan solo saber que es lo que siento. No tengo nada en mi pecho que logre palpitar de felicidad, soy un muñeco con cadenas en vez de cuerdas, siendo manipulado por la que me ha traicionado tantas veces sin sentir ni un poco de vergüenza, solo falsos arrepentimientos. Oh ya no lo sé, me he vuelto un ser lleno de contradicciones e inseguridad.
Sé que mi vida se está perdiendo, ahora simplemente ver el cielo en la noche, dónde Luna me observa es mi consuelo. Busco, nada encuentro, trato de descubrir cual es mi verdadero propósito en este cuento. Se acaba mi tiempo de especulación, mi cuerpo deja de moverse, quedaré congelado en el tiempo. Pero no por siempre, mala suerte la mía, muy pronto seguiré este acto nefasto, veo, siento algo, una lágrima que recorre mi mejilla. No es de mi cruel damisela, al contrario, me pertenece. La última, la que nunca caerá al suelo, la que espero libere algún sentimiento.