Prisión
mental. Un tiempo en dónde no existes tú.
Lloro en una cama vacía paralitica
muerta mientras veo una película de niñez ingenua. Me gusta sentir correr las
lágrimas por mis mejillas, arrancar las sábanas con mis gritos de dolor; no
sabes cuánto me encanta, tanto así que me retuerzo en agonía. ¿Y dónde estás?
Ahora ya no estás conmigo, seguramente estás mal, seguramente me buscas y no me
encuentras, es mi culpa el alejarme, mi culpa el no llamarte aunque me sienta
solo. Corro y grito, espero a que me oigas para que corras a por mí, pero no
hay nada, nada más que recuerdos y escenas; tú y ese maldito revolcándose en
otra cama, uniendo labios y manos desesperadamente.
No hay nada, imaginación
mía, pensamientos torturantes como los de siempre; necesito una pastilla antes
de que regrese la cólera de mi locura, antes de que la cordura de mi corazón
explote rompiéndome las venas, rompiendo todo tacto con la realidad que tenga. ¿Pero
y si ya está? Tal vez no existo más en el mundo de los humanos, me separé de
todo y caí al suelo inconsciente, es un sueño, una pesadilla; escucho los
gemidos de esa chica y siento ganas de vomitar, de ser yo causante de sus
gemidos, rabia y angustia. ¡Estúpido sentimiento! Maldita confianza que me cegó
de la verdad, rabia desquiciada que no me hace pensar con claridad.