martes, 13 de noviembre de 2012

Mar color rosa.


Mar color rosa.


¿Sería debilidad decir todo lo que pienso? Nunca me he considerado débil, pero es así al momento en el que me doy cuenta de que me ahogo en mis propios actos.

Haz silencio boca mía, mis palabras pueden ser tan hirientes como un cuchillo, tan inesperado como una bala perdida. Siempre me ha encantado el silencio, el hablar igualmente, pero siempre me ha encantado el siquiera imaginarte entre mis brazos mientras callamos y dormimos, verte sin que me veas, vernos y sonreír, decir unas leves palabras y que venga lo que tenga que venir.

miércoles, 11 de julio de 2012

Voz en un oscuro vientre. Caricias de lástima.


Voz en un oscuro vientre. Caricias de lástima.

¿Puedes oírme? Ven y dímelo a la cara, cobarde. Tú quién fuiste causa de mi primer odio, quién llenó de rencor mi corazón de recién nacido; debías irte, debías más bien traicionar a tu mujer, ¿por qué? Necesidades de la bebida, necesidades del necio, necesidades de un estúpido a mi parecer, siempre te he recordado con tanto desprecio sin saber cómo eras, sin siquiera saber realmente por qué sentía todo esto si no era de mi incumbencia. Cosas de adultos me decían, tratos especiales para mí, el abandonado, el rechazado desde su nacimiento, el visto con malos ojos por ser lo único que quedó de ése pasado.

Me lo recordaban a cada segundo; “te pareces mucho a él”, sin siquiera importarme, degradándome pues sabían lo mucho que sentía por ti, toda la oscuridad que se escondía en mi pecho por culpa de todos. ¡Vamos, sé hombre! Afronta lo que hiciste y ven a golpearme, ven y te golpearé a ti, cosas que decía, algo que no pude cumplir la primera vez que te vi. Por ser débil, tal vez por no verme capaz, tal vez porque no lo merecías, por titubear. Una madre que servía de padre, menuda mentira para mí, aunque de pequeño servía de mucho, finalmente no necesitaba un padre, sólo un saco de golpear con el cual liberar mi ira. Serás tú, tú desgraciado, tú maldito, tú hombre cuyo nombre me da asco mencionar.

martes, 10 de julio de 2012

Luz de estrella.


Luz de estrella.

Las escenas que andan pasajeras en mi mente se palpan en mis manos, marcas del pasado que queman mi futuro, un camino destrozado y otro completamente sano; ambos me esperan, ambos quieren que tome una decisión, no sé por qué, ya no entiendo el porqué de estar encerrado en cosas de vivir o morir, de querer ser algo o nadie; quizá no soy de nuevo el niño de antes, tan solo quisiera correr sin problemas, arrancar de mí toda responsabilidad y estar tranquilo.

Anda, cosas que se dicen en la desesperación; no podría soltarme de un hermoso recuerdo que me formó en dos años y que llegó en imagen hace no tanto, ¿qué haré? No se me permite ir preguntándole eso a los demás, no debería dudar, no debería sentir nada. No siento ya lágrimas en mis mejillas pero mis ojos queman de tanto dolor que sueltan. Vamos de nuevo a la prisión de mi mente, quizá consiga algo allí.

Yo y mi otro yo. ¡Qué empiece la batalla!


Yo y mi otro yo. ¡Qué empiece la batalla!

Cara a cara de nuevo tú y yo, mi razón casi perfecta, vuelves a mí como ego maldito; cómo siempre teniendo la palabra ante todo lo que hago, ante todo lo que digo; sé todo lo que sucederá, por ti mismo soy arma del tiempo, pues sé el pasado, predigo el futuro y altero el presente; ya no hay nada que me haga sorpresa, nada que me inmute ante todo éste sufrido destino mío.

Entonces será magnífico, supones, pues no es así, no hay nada magnífico en ser torturado con tus propios pensamientos, en ver cómo todo sucede sin suceder aún, en cómo nada se puede cambiar por cuanto se intente; siempre la misma historia en mi mente, todo cumpliéndose de una manera algo graciosa. ¡Me río! Me río de mí y de ti, de ti quién me juzgó de loco y luego vino a mis brazos al saber que todo lo que decía era cierto; te lo dije miles de veces, el espejismo que está frente a mí, dentro de mi cuerpo me lo dice; no estoy loco, sólo que vivo en un mundo ebrio en desquicio.

Pensamientos en un diario; fin y comienzo.


Pensamientos en un diario; fin y comienzo.

Hoy ya, hace más de 14 años que comenzó el todo; ese empeño por salir de mi hogar, por ser alguien más en la vida, aunque sinceramente sólo quería amigos. Sin embargo quién diría que sería tan difícil, que sería rey y príncipe, y luego nada, peor que un vulgar ladrón, o un violador como esos que con tanto desprecio odio, y dan trauma a mi memoria.

Crecer nunca ha sido fácil, ser abandonado por tus conocidos, ser un desgraciado para tu familia, pensar y desear ver tu sangre correr por tus propias manos. Todo maquinado por una historia que no existe, y unas voces en mi mente que eran tanto traicioneras como amigables; ¿qué se le va a hacer? Era placentero no escuchar a nadie, pero demasiado silencio siempre terminaba consumiéndome.

Gotas hermanas de lluvia ácida.


Gotas hermanas de lluvia ácida.

Ver entre el pasado y las gotas que caen, dolor y sufrimiento, miles de historias enlazadas y desechas, cosas que nunca fueron más que una fotografía. Historias que terminan, y se unen en una sola, para nosotros fue siempre una lucha unida, sin nada qué temer, sin nada que perder más que nuestra propia consciencia. Pero fue antes, ahora nada, ahora ni dolor, ni pena, ni nada de qué arrepentirnos.

Las gotas se sienten cálidas, resbaladizas por nuestras mejillas y deseosas de ser secadas por otras manos, ¿y será eso necesidad? Necesitamos, más no podríamos encerrarnos en una posibilidad por siempre, pues bien hermano mío, intenta sonreír o entonces sino haré yo que tu sonrisa salga a golpes si es necesario. Qué rústico, que manera tan extraña de sonreír, pero lo extraño siempre ha sido mi fuerte, como ver más allá de un mundo que exista realmente.

martes, 19 de junio de 2012

Prisión mental. Un tiempo en dónde no existes tú.


Prisión mental. Un tiempo en dónde no existes tú.

Lloro en una cama vacía paralitica muerta mientras veo una película de niñez ingenua. Me gusta sentir correr las lágrimas por mis mejillas, arrancar las sábanas con mis gritos de dolor; no sabes cuánto me encanta, tanto así que me retuerzo en agonía. ¿Y dónde estás? Ahora ya no estás conmigo, seguramente estás mal, seguramente me buscas y no me encuentras, es mi culpa el alejarme, mi culpa el no llamarte aunque me sienta solo. Corro y grito, espero a que me oigas para que corras a por mí, pero no hay nada, nada más que recuerdos y escenas; tú y ese maldito revolcándose en otra cama, uniendo labios y manos desesperadamente.

No hay nada, imaginación mía, pensamientos torturantes como los de siempre; necesito una pastilla antes de que regrese la cólera de mi locura, antes de que la cordura de mi corazón explote rompiéndome las venas, rompiendo todo tacto con la realidad que tenga. ¿Pero y si ya está? Tal vez no existo más en el mundo de los humanos, me separé de todo y caí al suelo inconsciente, es un sueño, una pesadilla; escucho los gemidos de esa chica y siento ganas de vomitar, de ser yo causante de sus gemidos, rabia y angustia. ¡Estúpido sentimiento! Maldita confianza que me cegó de la verdad, rabia desquiciada que no me hace pensar con claridad.