martes, 5 de febrero de 2013

Mírame, y deja que así te diga algo.



Mírame, y deja que así te diga algo.

Sentí cómo tus brazos tomaban de mí, cómo estos rodeaban mi cuello mientras más nos acercábamos, mientras te daba un roce de nariz provocando en nosotros una estúpida sonrisa.

Ese día, amé desde el que me llegases de sorpresa hasta el gritar que eras mi novia, cada paso que damos tomados del brazo, cada segundo que pasamos muy juntos tomados de la mano, inclusive el equivocarme al darte de comer, que rieses y me dijeses que me estaba equivocando. El tomar de la misma bebida, el ver lo mismo que tú. Cómo amé el estar a tu lado, y cada minuto que pasamos riendo, sonriendo y jugando.

¿Notabas mi mano temblar? Claro que la notabas e impedías que temblase más de lo fuerte que le tomabas, me gusta que tomes de mi mano, entrelazar nuestros dedos, acercarme a ti y besarte con cuidado, besar tu mejilla, tu cuello, incluso tu propia orejita haciéndote sonrojar, logrando que me llamases tonto, y sí, soy tu tonto, y feliz por ello me siento.

Sentía tu corazón, claro que le sentía al abrazarte por detrás, al poner mis manos sobre este. Reclamo y siempre lo reclamaré como mío, tu corazón es mío y de nadie más, y tu pecho es también mi lugar más cómodo de reposo, que suave se siente estar en tu pecho, y descansar con cada latir, rápido latir por mi culpa.

Tu cuerpo tan tibio y tus manos igual, me dabas el calor necesario para no morir del frío, tú igual me das el calor de mi vida, tú igual eres la culpable de que me sienta tan cálido al abrazarte, al tenerte tan cerca de mí como nadie más podrá jamás; tanto así que no querías soltarme, y eso, no me sueltes, nunca me iré pero igual no me sueltes nunca.

Y ahí, entre todo ello, entre toda la gente y tantos besos tímidos, entre el abrazarte y no quererte soltar, el verte y amarte más, el oír tu voz, tu risa y tus palabras y enamorarme más, frente a ti; acaricié tu nariz con la mía y sonreímos la más estúpidamente que pudimos, bajé, subiste y nos besamos, un beso que desató a otros más, un notorio sonrojar, nuestras sonrisas más estúpidas y otro recuerdo preciado, otro día maravilloso contigo que incluso las ovejas pegatinas han de recordar.




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