sábado, 9 de febrero de 2013

Cayendo una orquídea, naciendo otra más.



Cayendo una orquídea, naciendo otra más.

Quedaste en llamas mi árbol de orquídeas, quedaste siendo sólo cenizas luego de tanta lucha, tras miles de golpes y cortes, caídas que evitaste y miles de inundaciones que se volvieron las lágrimas que no tenías. Tus hojas, tus amigos y cada flor se volvió marchito, todo el suelo quedó en negro, perdió su color en un abrir y cerrar de ojos, quizá con el pasar del tiempo.

¿Habrán sido tus raíces las responsables? Posiblemente se tragaron la tierra y toda su vida, quizá tus extrañas espinas se clavaron en quienes intentaban tocarte. No deberías de tener espinas, pero se formaron por el miedo a que se te acercasen. Ahora cada espina está caída, cada rama muerta, podrida, y no hay quien quiera ni verte.
Se escucha tu crujir, tu tronco está seco y se revienta, tu vida se va con cada segundo que pasa, tú caes a cada que el viento sopla. Las cenizas se esparcen en el agua. Agua que es sólo un charco que se ríe de ti.

Mi árbol de orquídeas, caes bajo el peso de tu tristeza, caes en el suelo llorando en un charco de lodo, lloras mientras la lluvia deshace tus heridas. ¿Qué harás ahora? Te sientes solo, acabaste con todo y tu protección te hizo nada. ¿Qué harás ahora? Ahora que vuelves a ser sólo un pequeño llorando.

Y es así como se nota que eres humano, como notas que todo se viene abajo, y que tú has caído también. ¿Por qué tanto miedo, Ramishtiz? Pensé que todo lo que hiciste, cada palabra, cada acto, cada forma de esconderte te había servido. ¿A qué le temes tanto? ¿A la propia vida? ¿Temerás vivir? Tal vez necesites tomar una mano, y no temer a dañarla. No necesitas coraza, ni fortaleza, o tal vez sí, una que se amolde a ti, una que sea tu propia piel, sea suave y acaricie, que puedas sentir alguien más a tu lado, y que se protejan.

Pequeño; en el suelo que yaces tirado, en el suelo que se vuelve pasto, en ese suelo en donde ahora la vegetación y todo a tu alrededor vive, siendo tú el recuerdo de un árbol muerto, con alguien de tu mano a quién proteger, y el viento acariciando tu mejilla y el agua corriendo.  Levántate y ve, ve el valor que tienes y sonríe, pues habrá miles de días más en el que serás tú, el más fuerte de todos ahora.



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