Cayendo una orquídea,
naciendo otra más.
Quedaste en llamas mi árbol de orquídeas, quedaste
siendo sólo cenizas luego de tanta lucha, tras miles de golpes y cortes, caídas
que evitaste y miles de inundaciones que se volvieron las lágrimas que no
tenías. Tus hojas, tus amigos y cada flor se volvió marchito, todo el suelo
quedó en negro, perdió su color en un abrir y cerrar de ojos, quizá con el
pasar del tiempo.
¿Habrán sido tus raíces las responsables?
Posiblemente se tragaron la tierra y toda su vida, quizá tus extrañas espinas
se clavaron en quienes intentaban tocarte. No deberías de tener espinas, pero
se formaron por el miedo a que se te acercasen. Ahora cada espina está caída,
cada rama muerta, podrida, y no hay quien quiera ni verte.
Se escucha tu crujir, tu tronco está seco y se
revienta, tu vida se va con cada segundo que pasa, tú caes a cada que el viento
sopla. Las cenizas se esparcen en el agua. Agua que es sólo un charco que se
ríe de ti.
Mi árbol de orquídeas, caes bajo el peso de tu
tristeza, caes en el suelo llorando en un charco de lodo, lloras mientras la
lluvia deshace tus heridas. ¿Qué harás ahora? Te sientes solo, acabaste con
todo y tu protección te hizo nada. ¿Qué harás ahora? Ahora que vuelves a ser
sólo un pequeño llorando.
Y es así como se nota que eres humano, como notas
que todo se viene abajo, y que tú has caído también. ¿Por qué tanto miedo,
Ramishtiz? Pensé que todo lo que hiciste, cada palabra, cada acto, cada forma
de esconderte te había servido. ¿A qué le temes tanto? ¿A la propia vida?
¿Temerás vivir? Tal vez necesites tomar una mano, y no temer a dañarla. No
necesitas coraza, ni fortaleza, o tal vez sí, una que se amolde a ti, una que
sea tu propia piel, sea suave y acaricie, que puedas sentir alguien más a tu
lado, y que se protejan.
Pequeño; en el suelo que yaces tirado, en el suelo
que se vuelve pasto, en ese suelo en donde ahora la vegetación y todo a tu
alrededor vive, siendo tú el recuerdo de un árbol muerto, con alguien de tu
mano a quién proteger, y el viento acariciando tu mejilla y el agua corriendo. Levántate y ve, ve el valor que tienes y
sonríe, pues habrá miles de días más en el que serás tú, el más fuerte de todos
ahora.

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