jueves, 30 de mayo de 2013

Sonrisa cálida



-Sonrisa cálida-

Me quedé perplejo, atónito por lo hermosa que estaba. Acerqué mis manos a las suyas, les tomé y no pude evitar el atraerle a mí. Decirle al oído que sí, estaba realmente hermosa, que su aroma era cautivante para mí. No podía dejar de verle, de sonreír conforme los minutos pasaban, detallar cada parte de su vestido, sentirlo junto con su piel mientras me abrazaba. 

Mis labios se acercaban a los suyos lentamente, y ella, algo sonrojada, veía a un lado mientras intentaba ocultar su sonrisa, una sonrisa que hice más grande una vez apoyé mi frente contra la suya, y le dije, que quería verle, y amar más el cómo sonríe a mi lado. Qué tierna dama, que dulce sensación esta, que hermosa sonrisa la que cargaba. Y yo era culpable, culpable de ello, y de despeinarle mientras deslizaba mis dedos por su cabello, mientras besaba su mejilla suavemente, y nos quedábamos muy abrazados. Ella, siempre tan hermosa incluso aunque juegue con su cabello.

Podría ser y era así, yo, viéndole, quedando atrapado por cómo era, queriendo rozar sus labios con los míos, tomar por siempre de su mano, hacerle sonreír, oír su risa que había provocado ya varias veces. ¿Podría abrazarte? Abrazarte por siempre en mi pecho, le pregunté. Ella, sin mucho que decir, sólo me abrazó en su pecho, me acurrucó sin soltarme, le abracé y sonreí, sonreí junto con ella. Sí, abrázame eternamente, mi caballero.

Oh, lo tanto que pensaba, lo tonto que me encontraba, y lo mucho que quería acurrucarme con ella. 

Tomé de su cintura, subí mi mirada y besé su pecho, su pecho mientras nos abrazábamos más. Le abracé a mi pecho, y le susurré el todo, el todo que pensaba de ella. Que, cada día a su lado era lo que me hacía feliz, lo que hacía mi sonrisa real. Que, entre cada latir, en toda esa melodía, existe su nombre dedicándole el todo. Que era ella, ella era la provocante de ese latir, y yo, en silencio, sonriendo, viéndole cada tanto. Dejé que escuchara todo, que se sintiese cómoda, feliz, que sonriese más a mi lado, pues así, quería que siempre así estuviese. Siempre lo estarás, pues conforme pase el tiempo, más y más, aunque el reloj vaya al revés, y el frío invierno dure mucho; serás eternamente mi calor, quien esté a mi lado, y que me haga vivir, sonreír, todo a tu lado. Mi hermosa dama.

Y le abracé, nos acurrucamos, y como siempre, y mucho más, amé cada segundo en el cual su calor y el mío se unieron, mientras nuestras sonrisa, se dibujaban una a la otra. 


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